viernes, enero 25, 2008

Aprendizaje...



Creí verte en la espuma del mar, transparente quizá,
en aquellas burbujas diminutas, encerrando tanto...
alada, volabas, rozabas las aguas... te confundí con un ángel,
Definitivamente fue así el pensamiento, la palabra,
el deseo querida, eso te lo debo, hasta el fin de las vidas;
la muerte nos ha separado antes de tiempo, por siempre...
Hasta los cielos se han marchado, una coherencia,
la soledad, millones de astros me llevan,
también me llevan los amaneceres extraños;
las arenas han cubierto, todo lo han cubierto,
incluso las gaviotas han quedado atrapadas en la playa.
Pero he salido de allí, indemne, y listo para amar,
¿Qué es acaso amar? he buscado el significado lejos,
en lugares donde nadie ha estado, y no lo encontré;
aprendí sí, que hay claridad en lo profundo,
allí donde tiburones reinan, y que incluso,
los gorriones echan de menos el invierno... Adopté
formas peculiares de reír, miradas lejanas sobre el mar,
pero todavía no he aprendido a amar;
También incorporé a mi sistema, miles de actitudes,
por ejemplo: entender lo entendible, y querer lo querible,
a esperar lo esperable, y extrañar lo extrañable...
pero jamás hacer mezclas mortales; a pretender entender
lo que por naturaleza sólo es digno de ser querible,
o a esperar lo que decididamente nunca vendrá...
echar de menos lo indiferente, eso sí debe ser cruel.
Mucho es el aprendizaje de una vida, el crecimiento,
el paso de los años también me quiso enseñar,
a no esperar que me regalen nada, y a no sembrar
expectativas en el propio corazón acerca del comportamiento
ajeno. Y una vez, sólo una y de incógnito,
creí ver mi alma reflejada en el espejo de mar, allí mismo,
donde se ahogaron centenares de almas; y aquella vez
fue suficiente para que me de cuenta, de que existo. Porque
de hecho, encontré miles de formas, signos, señales,
y decidí perderme por siempre en un mar ideal de sentidos,
ver las lluvias descender y mojar, resbalar y acariciar el suelo,
oler nuevos perfumes y envolver mi cuello de manera peligrosa,
tocar la suavidad, y que mis dedos se desgasten en su piel,
cubrir de besos el cielo, mi cielo hasta el final,
escuchar con atención cada susurro de este mundo...
sólo para morir tranquilo, de que he aprendido lo que es
amar... Sólo para morir tranquilo... Y ya no más...
Ya no volver a nacer...

Sacha Grant.-

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