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jueves, enero 31, 2008

Océano, cielo...



Sabes que hago mi mejor esfuerzo,
si querida vida, hoy quiero vivirte,
y escuchar los vientos, andarte,
y ver crecer los árboles, el tiempo.

También los sapos han cantado,
y he afirmado que hoy te quiero,
lo que he dicho, nada más cierto,
lo sabes, nada, nada más atinado.

Las plantas dulces se doblan,
y tú, tú te ves adorable, lisa,
es la comisura, es tu sonrisa,
las vidas, mueren y se acoplan.

Los cielos se abren por siempre,
y así quedará, todo, lo más sano,
es la rara posibilidad de los años,
cuando pase y ya no te encuentre.

Ven conmigo océano, acompáñame,
hasta el fin de todo, silenciosamente,
hasta que ya no quede ni una mente,
ven conmigo cielo, hasta ti, elévame...

Sacha Grant.-

martes, enero 29, 2008

Ganas...


Esta noche no estoy triste,
será porque puedo columpiarme en la luna,
será porque los mares me cobijaron durante veinte días,
todas las razones valen, asi será.
Tampoco me siento solo,
será acaso, por el ruido del messenger,
será acaso, porque converso con las sombras,
nada hace que mi alma camine sola.
Esta noche echo de menos el ruido del mar,
extraño también la arena caliente, las aguas heladas,
será porque el mar es mi lugar, ¿Allí pertenezco?
será porque para alguien soy especial...
Las noches se hacen días cotidianos,
y la vida se parece al paraíso, ya no te espero,
será que la libertad me sentó bien, no lo dudo,
será que los cielos se han abierto nuevamente.
Estas tardes, de días que se suceden con rapidez,
las nubes cubren los rostros pero la luz ilumina,
hay calles de tierra que conducen a todos lados,
voy a elegir la que corresponde, quizá por primera vez.
Han pasado segundos desde el último verso,
y ya tengo ganas de crecer, de saber tu nombre,
han pasado solo instantes, y quiero saberlo todo de ti,
tengo ganas de aprender a amar...

Sacha Grant.-

viernes, enero 25, 2008

Aprendizaje...



Creí verte en la espuma del mar, transparente quizá,
en aquellas burbujas diminutas, encerrando tanto...
alada, volabas, rozabas las aguas... te confundí con un ángel,
Definitivamente fue así el pensamiento, la palabra,
el deseo querida, eso te lo debo, hasta el fin de las vidas;
la muerte nos ha separado antes de tiempo, por siempre...
Hasta los cielos se han marchado, una coherencia,
la soledad, millones de astros me llevan,
también me llevan los amaneceres extraños;
las arenas han cubierto, todo lo han cubierto,
incluso las gaviotas han quedado atrapadas en la playa.
Pero he salido de allí, indemne, y listo para amar,
¿Qué es acaso amar? he buscado el significado lejos,
en lugares donde nadie ha estado, y no lo encontré;
aprendí sí, que hay claridad en lo profundo,
allí donde tiburones reinan, y que incluso,
los gorriones echan de menos el invierno... Adopté
formas peculiares de reír, miradas lejanas sobre el mar,
pero todavía no he aprendido a amar;
También incorporé a mi sistema, miles de actitudes,
por ejemplo: entender lo entendible, y querer lo querible,
a esperar lo esperable, y extrañar lo extrañable...
pero jamás hacer mezclas mortales; a pretender entender
lo que por naturaleza sólo es digno de ser querible,
o a esperar lo que decididamente nunca vendrá...
echar de menos lo indiferente, eso sí debe ser cruel.
Mucho es el aprendizaje de una vida, el crecimiento,
el paso de los años también me quiso enseñar,
a no esperar que me regalen nada, y a no sembrar
expectativas en el propio corazón acerca del comportamiento
ajeno. Y una vez, sólo una y de incógnito,
creí ver mi alma reflejada en el espejo de mar, allí mismo,
donde se ahogaron centenares de almas; y aquella vez
fue suficiente para que me de cuenta, de que existo. Porque
de hecho, encontré miles de formas, signos, señales,
y decidí perderme por siempre en un mar ideal de sentidos,
ver las lluvias descender y mojar, resbalar y acariciar el suelo,
oler nuevos perfumes y envolver mi cuello de manera peligrosa,
tocar la suavidad, y que mis dedos se desgasten en su piel,
cubrir de besos el cielo, mi cielo hasta el final,
escuchar con atención cada susurro de este mundo...
sólo para morir tranquilo, de que he aprendido lo que es
amar... Sólo para morir tranquilo... Y ya no más...
Ya no volver a nacer...

Sacha Grant.-